Bulos y cadenas de Internet ¿Para qué sirven?

Todos tenemos algo de impulsivos. Ocasionalmente no nos paramos a pensar y reenviamos un mensaje que nos ha llegado por algún medio sin más. Apenas le damos reflexión: la fuente muchas veces no es fiable, la redacción no es buena o el mensaje es confuso, pero si nos toca en el mecanismo de “reenviar”, allá va. ¿Hay consecuencias? ¿Merece la pena?  Si le dedicamos un poco de tiempo, podremos saber a quién benefician o perjudican y si merece la pena.

Todos los días recibimos miles de mensajes de todo tipo. Algunos nos interesan, otros nos conmueven y la mayoría pasan desapercibidos. En muchos casos alguno de los mensajes nos enervan o nos impulsan a la acción. Pero habitualmente, poco. De manera que si  hay un mensaje que nos impulse a una acción que podamos realizar sin cansarnos prácticamente nada, esa acción tiene muchas posibilidades de ser realizada. De manera que podemos pensar que una de las piezas básicas de un bulo de Internet es que nos mueve a la acción, probablemente mediante un sentimiento: indignación, ira, solidaridad, sorpresa o precaución.

Más falso que un euro de madera

La mayoría de estos mensajes son más falsos que un euro de madera

Así, si el mensaje ha de triunfar, un usuario lo leerá e inmediatamente lo reenviará a, por ejemplo, 5 personas (esto no es una estadística, es un ejemplo). La progresión de difusión es geométrica: en unas horas puede haber llegado, si ha habido un proceso rápido, a muchísima gente. Supongamos que el primer usuario lo envía a 20 personas porque es especialmente activo y los receptores lo envían a 5 personas cada una. En unas horas estaría en más de 300.000 personas. Así, la cantidad de impactos, que además son gratuitos, que genera este sistema es espectacular. Recientemente he visto un mensaje que se transmitía a través de Whatsapp en el que se proponía una iniciativa política y el mensaje incorporaba nombre y dirección de una firma de abogados. Curiosamente esto les puede costar un desastre en la Agencia de Protección de Datos porque el mensaje se considerará spam (publicidad no deseada, que además les beneficia) y pueden enfrentarse a una multa de hasta 600.000 €. Los efectos beneficiosos de esta campaña son dudosos, pero el caso es interesante.

Bulos y cadenas de Internet ¿Para qué sirven?

El punto es que sí hay quien se beneficia directamente de estas cadenas de spam. En este caso anterior se trataba de la firma que se hacía publicidad, pero en las cadenas que se hacen a través de correo electrónico, los beneficiarios pueden ser gente con peores intenciones que un gabinete de abogados. En serio. Muchos de los reenvíos se hacían con las direcciones visibles. Esto permite que empresas que se dedican profesionalmente a enviar mensajes de spam (ofertas de webs de contenido sexual, medicamentos, sistemas piramidades, timos nigerianos varios, etc) obtengan nuestro correo y puedan enviarnos sus mails o, si consiguen suficiente información cruzada a través de la multitud de pistas que vamos dejando en la red, puede que consigan suplantar nuestra identidad para generar tarjetas de crédito falsas (sucede todos los días) y asuntos similares.

¿Cómo protegernos?

El pensamiento crítico suele ser el mejor sistema para analizar los diversos mensajes. Eso y un poco de esfuerzo: muchas veces merece la pena comprobar las fuentes, incluso si no eres periodista o se habla de algo en lo que no eres experto. Algunas normas básicas son: “Si algo es demasiado bueno para ser verdad es que probablemente no lo sea”, “Los milagros no existen” y, sobre todo, la pregunta de “¿Quién se beneficia de que esta información corra rápido?”.

Con todo, hay bulos estrictamente absurdos en sí mismos que solo sirven, como hemos explicado antes, para que otra gente consiga tu correo. Para estos, lo más práctico es asumir que somos seres emotivos y, antes de reaccionar rápidamente, pensar en si es verdad o no. Si tienes la más mínima duda y no quieres investigar, simplemente no lo transmitas. Después de todo, nadie quiere quedar como crédulo o tonto.

Por si acaso. Igual no quieres leer esto.

La parte más dura de este artículo viene aquí: la gente que pasa el spam “por si acaso”. La cuestión es que estos amigos nuestros están distribuyendo falsedades y/o fraudes solo porque deciden no pararse a considerar si son falsos o ciertos. Cuando hacen eso no solamente nos molestan a nosotros (es cierto, nos molestan) sino que están beneficiando directamente a individuos o empresas que están intentando engañarnos. Como cada uno de nosotros cuenta con un cerebro perfectamente operativo eso hace que sean casi cómplices, pero sin ser partícipes del beneficio. Esto es, se convierten en instrumentos, herramientas, elementos manipulables porque alguien ha encontrado el interruptor que hace que reaccionen automáticamente.

Pero no cuesta nada

En realidad, sí cuesta. Puedes pensar que enviar un correo electrónico es una cuestión con un coste infinitesimal, pero estas cadenas generan mensajes por millones. Ya en 2008 se calculaba que el spam en general estaba en una cifra de unos 62 billones (62 trillions, mencionaba la fuente, The Economist, pero la traducción literal sería incorrecta), lo que constituía un gasto energético similar al de una ciudad 1,5 millones de personas en el mismo año.  Y eran datos que solo incluían once de los países más grandes del mundo. El crecimiento de Internet desde 2008 ha sido altísimo, de manera que las cifras -de las que no dispongo ahora mismo- estarán aún más arriba. Eso ocasiona costes económicos y ecológicos. No envíes roña por Internet y salva el planeta. Aunque solo sea por eso, deberías evitar enviar todo eso. Y tus amigos te querrán más. O te odiarán menos, que en términos absolutos viene a ser lo mismo.

Un poco más de información:

http://www.economist.com/node/13851721

https://es.wikipedia.org/wiki/Cadena_de_mensajes_por_correo_electr%C3%B3nico

Sergi Albir

 

 

 

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