La rana hervida

Todo el mundo conoce la metáfora del tiro por la culata. La idea, claro, es hacer algo con una intención, y que las consecuencias sean las contrarias de las esperadas. Esta es la explicación resumida del tema que contaremos hoy: la abrumadora parábola del batracio hervido.

El hecho es que el camino al infierno está alfombrado de buenas intenciones. Hay veces que intentas explicar una cosa y utilizas una metáfora. Para los que tengan algo olvidado el tema de las figuras literarias, una metáfora es es el desplazamiento de significado en los términos con una finalidad estética. Por si no queda muy claro, aprovecharemos que es el año de Cervantes y citaremos una descripción de Dulcinea en la que utiliza el recurso: “Que sus cabellos son de oro, su frente de campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles…“. Creo que ha quedado claro. Pues bien, luego explicaremos más cosas, pero estoy seguro de que algunos de nuestros oyentes se están preguntando qué tiene que ver una rana hervida con el maravilloso mundo de la literatura. Pero mejor lo leemos antes y después ya damos detalles.

Una cacerola llena de agua fría en la que una pequeña rana está nadando.
Se enciende un pequeño fuego que va calentando el agua lentamente.
Poco a poco, el agua se va poniendo tibia.
La rana encuentra la situación muy agradable y sigue nadando muy a gusto.
La temperatura del agua va subiendo…, empieza a estar caliente,… bastante caliente.
La rana ya no goza como antes, se siente un poco cansada, pero no por eso se asusta.
La temperatura sigue subiendo… cada vez más…, está muy caliente.
La rana comienza a encontrar la situación desagradable, pero está tan débil que decide seguir aguantando sin hacer nada.
La temperatura continúa subiendo aún más, mucho más,…
Hasta que llega un momento en que la rana termina… cocinándose y muriendo.
CONCLUSIONES
Olivier Clerc pretende transmitir que cuando un cambio se realiza de forma lenta escapa a la conciencia, y la mayoría de las veces no provoca respuesta por nuestra parte, hasta que… o bien se reacciona cuando aún se está a tiempo o no tienen remedio sus consecuencias.
Si una rana salta a una olla de agua hirviendo, sale enseguida porque siente el peligro. Pero si lo hace a una olla con agua tibia que se calienta lentamente, se queda dentro y no se mueve. Seguirá ahí, aunque la temperatura siga subiendo y subiendo. Se quedará ahí hasta ser rescatada o… muerta.
¡¡Es muy importante rescatar a la rana antes de que sea demasiado tarde!!

La rana hervida

La idea de la rana hervida es bastante antigua, y aunque constituye una fábula o parábola excelente acerca de que los pequeños cambios pueden no ser percibidos con acierto, la historia en sí es falsa.
Antes de que nadie se rasgue las vestiduras, sí hay experimentos – en el S.XIX- en los que se consiguió que las ranas permaneciesen en agua que subía de temperatura, permaneciendo sin escapar. Uno de los mayores éxitos se le atribuye a Friedrich Goltz, si bien es cierto que le había extirpado el cerebro a la rana antes de hacer el experimento. Me vais a llamar ventajista, pero uno podía imaginar que tras semejante operación la rana no estaría para saltar de muchos sitios. Hubo más experimentos exitosos que hoy en día se toman como poco fiables, a la vista de que se volvieron a hacer algunas pruebas y las ranas. La historia fue desmentida en 2002 por el doctor Victor Hutchinson, un experto zoólogo que daba datos precisos sobre la cuestión.
Pero la idea iba a volver. Concretamente en uno de los documentales más famosos: Una verdad inconveniente, de Al Gore, exvicepresidente de los Estados Unidos, que en 2006 lo contaría como metáfora dentro de su película y en varias presentaciones. Probablemente, el tono didáctico de Gore confundió a alguien que no prestaba mucha atención y dio la historia como buena. Se ha compartido muchas veces como metáfora, pero en muchos de los casos la dan como real, de manera que hay gente que piensa que efectivamente, sucede.

Mis felicitaciones de hoy, 10 de marzo, a todos los Droctoveos y Atalos. Como luego Miguel me pregunta si me invento estos nombres, hay una calle en Melilla, Ingeniero Droctoveo Castañón Reguera. De los Atalos, además del santo, tenemos un rey griego que gobernó entre el 269 y 197 antes de Cristo y un general macedonio de la corte de Filipo II, mandado ejecutar por traición por Alejandro Magno tras su ascenso al trono.

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