Canon, Nikon, Apple, Windows y los patos

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Detrás de un título como este, debería haber una buena historia. Será responsabilidad tuya juzgar este extremo. Es un hecho bastante conocido que lo primero que vea un ave recién salida del huevo durante un período prolongado es lo que este animal considerará su madre. Este fenómeno se llama impronta (imprint en inglés). Había leído algo al respecto, pero cuando una amiga colgó un vídeo de este pato se cree un flamenco, me hizo gracia y decidí leer un poco más al respecto. Un poco. Pero resulta que justo en la entrada de Wikipedia hay una referencia a que este fenómeno es perfectamente aplicable a humanos.

La teoría de la impronta hace pensar, de repente, que la primera marca a la que se expone uno suele acarrear una fidelización casi absoluta. En otro post expliqué que hay un motivo económico: cuando empiezas a comprar material compatible con una marca, tienes una pérdida económica al cambiar de proveedor. Eso, que a alguna gente no le importa, sí es relevante para la mayoría de los usuarios.

Un Nobel de Medicina

Lorenz se llevó el Nobel de Medicina en 1973 por este descubrimiento. La teoría es, evidentemente, más elaborada de lo que he comentado en la introducción. Lorenz percibió que al salir del cascarón había un periodo crítico en que el ave mostraba apego o un fuerte lazo con sus madres, y si no está la madre en el entorno, con el primer ser que veían a su lado.

En términos más generales, y según Wikipedia, » cualquier tipo de aprendizaje ocurrido en cierta fase crítica, ya sea en una edad o etapa de vida particular, que es rápido y aparentemente independiente de la importancia de la conducta». Bien, es precisamente este aprendizaje el que parece resultar rápido y crítico la primera vez que nos enfrentamos a un sistema operativo (en términos generales, ya sea una cámara, un ordenador o una lavadora). Y cuanto más complicado sea el sistema que vayamos a enfrentar, mayor incentivo tendremos para permanecer en la marca que ya conocemos. Cambiar de marca implica un coste. Un esfuerzo en horas de saber cómo hacer lo que ya sabíamos.

No todo el mundo se comporta igual

Así, aunque pueda resultar evidente que la curva de aprendizaje es vital para el cambio de marca, es muy común que el usuario casual no tenga estas resistencias. Pero en trabajos con alta especialización, esto es un suceso común. En casos como el software de edición de vídeo, hay una parte de la programación que está dedicada a facilitar el aprendizaje del usuario que llega desde otras plataformas.

A partir de ahí, tenemos una curiosa cuestión de orgullo. Es muy frecuente que el usuario de una marca defienda, con uñas y dientes, el valor de esa marca muy por encima de lo razonable. La marca le aporta, en su concepción del mundo, un valor especial: el objeto le transfiere prestigio, posición. Si su marca, por algún motivo, parece peor, él es peor.

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Si a esa concepción le añadimos que el cambio de marca tiene un coste real en términos de aprendizaje, encontramos tanto los chistes o bromas que comparan una marca con otra. O peor, a verdaderos adalides de una marca o un sistema operativo enfrascados en luchas estériles en foros de Internet o barras de bar.

Así, la respuesta, sobre qué es mejor, Canon o Nikon, Windows o Mac, Android o iOS, parece cada vez más relacionada con quién es cada uno, que con los productos que hagan.

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